El verano estuvo rico, vacaciones para algunos… pero el aperitivo, los asados, el postrecito dulce, el vinito y las cervezas no faltaron!

Ya estamos en Abril, empieza el año y la rutina vuelve… Queremos empezar el año con todo el ánimo y motivación. Nos ponemos objetivos, metas etc… “este año quiero bajar de peso, hacer más deporte, comer menos chatarra, ser más sana, etc.” y de verdad que queremos, nos metalizamos, lo sentimos y estamos seguras de que queremos esto.

Algunas piden ayuda, otras parten solas, pero existe ese comienzo y estamos totalmente convencidas de que lo vamos a hacer y nos visualizamos ya siéndolo…
Primera semana todo bien, check logrado, lo hicimos, invictas!

Segunda semana también! Todo de maravilla, fuerza de voluntad, nos sentimos orgullosas… Pensamos: “Soy seca, llevo dos semanas a “dieta” y me he portado excelente, ya me siento más flaca, me veo la guata y está más deshinchada”, que buena onda!

Tercera semana mmm la cosa ya está más monótona; el quesillo, jamón de pavo… cero emoción, tenemos hambre y queremos comer algo contundente… que no sea jalea light ni yoghurt descremado (porfavor!!!) Abrimos el refrigerador como por cuarta vez pensando que ahora si voy a encontrar algo rico y light… Empezamos a picotear una que otra cosa, si total es una, y el paquete de galletas quedo a la mitad. Y al otro día como ya está abierto, no es tan terrible volver a sacar, y así sin darnos, volvemos a donde empezamos, una vez fueron las galletas, otra el pie de limón que sobro del tecito, después que nos repetimos de lasaña y así se nos olvidó que queríamos bajar de peso y ser mas sanas.

Y la motivación la perdimos, como que nos desinflamos, pensamos: “Ya igual baje algo…“nos convencemos… y hacemos un standby pero, igual en el fondo nos sentimos frustradas… Queríamos sentir un cambio y no lo logramos.

¿Por qué, si yo estaba tan motivada?, había ido al super a comprar lo que podía comer, había cortado las verduritas para picotear cuando tuviera hambre, tenía mi botella de agua, hasta tenia las cajas plásticas nuevas para llevar ensalada…

Pero el problema está que nunca nos decidimos a crear un hábito que sea compatible con nuestra rutina y gustos, es como que nos pasáramos a llevar y nos importa nada lo que nos gusta y podemos hacer (en ese momento la motivación es mayor). Pero…para que voy a comer lechuga y tomate si me carga esa ensalada, para que comer 10 manís como colación si a esa hora estoy muriendo de hambre y necesito comer más, para que voy a comer solo atún al agua si ya estoy chata…

Chiquillas hay que conocerse, adaptar ciertas cosas, cambiar algunos alimentos por otros, pero no hay que ser tan radical, de a poco y acorde a lo que estamos acostumbradas… Si no me gustan las verduras no pretendamos comer un plato gigante al almuerzo, en la noche y picotear zanahorias con apio si me da hambre y así por 3 semanas… o para que voy a llevar un yogurt descremado de colación si sé que va a estar caliente cuando me lo coma… Así la cosa se pone más difícil aún.

Para comenzar primero tenemos que tener claro que lo que vamos a empezar a hacer es un cambio de hábito, si no es así, difícil que dure en el tiempo y que finalmente vea los resultados que quiero… serán más las frustraciones y la idea que paso toda la vida a dieta y no bajo.

Empezar con pequeños cambios; reducir las cantidades, no comer cosas dulces durante la semana, tomar agua entre comidas, comer más frutas en las mañanas y no en la noche, variar las ensaladas, evitar el pan en los restaurantes, comer poco de noche, y permitirse de vez en cuando, comer lo que nos gusta y esta “prohibido” pero, poco. Y si un día me comí todo lo que vi porque fui a un matrimonio y estaba todo muy bueno, al otro día continuar, que una cosa no quite a la otra, y así irás encontrando tu equilibrio sin la necesidad de estar a “dieta” y te aseguro que verás cambios.
Otra cosa, el deporte siempre va a hacer tu mejor aliado; quema calorías, reduce la ansiedad y mientras estás haciendo ejercicio no estas comiendo.