Hace unos días, mi papá trajo como 50 kilos de damascos que había sacado de un árbol de su oficina. La idea era hacer mermelada y pulpa para congelar para hacer jugos. igual sobraban muchos damascos, así que aproveché de probar diferentes recetas, lo que se transformó en un largo día de cocina y una gran oda al damasco.

Nunca había cocinado con damasco antes, así que partí por lo más obvio: una tarta de damasco. Quería que no tuviera mucha azúcar ni grasa y entre varias recetas y pruebas llegue a esto. La masa es delgada, tiene poca azúcar y no tiene crema, lo que la hace ser bien liviana para una tarta.

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Después hice un helado de damasco. Hace un tiempo mi hermana se fue a Ecuador y volvió diciendo que le habían dado la mejor receta de helado, así que se la pedí para probarla. Y bueno… me dio la receta mal, y bien mal, por lo que el resultado fue un helado un poco dudoso. Algo así como un merengue de damasco congelado. No se dejen engañar por la foto.. es algo raro de comer, así que me voy a saltar esta receta.

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Pensando en más ideas, me acordé de las típicas bolitas de nuez que hacíamos cuando chicas. Probé hacer bolitas de damasco. Les agregué un poco de coco y el resultado queda entre una bolita de nuez y una cocada, pero más fresca.

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Cuando las bolitas estaban listas se me ocurrió que podía hacer algo más con ellas. Las aplaste, dejándole un hoyo en el centro. Rellené el hoyo con mermelada de damasco (la mermelada casera de mi papá) y las metí al horno.

Que bueno que lo hice, por que quedaron demasiado ricas, con textura de galleta, pero más jugosas por el damasco y la mermelada le da un toque de dulzor perfecto.

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Tanto horno me dio calor, y me dieron ganas de hacer un smoothie de damasco con té verde. En un principio no quería hacerlo con azúcar, pero quedó muy amargo y faltaba algo que le diera dulzor. Primero lo hice con miel, pero esquí muy amargo. Al final terminé por endulzarlo con azúcar rubia, pero con stevia en gotas queda igual de rico.

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Las conclusiones que saqué de mis experimentos con damascos es que son bastantes fáciles de usar, pero hay que tener cuidado con que se pongan amargos. Por eso recomiendo que vayan acompañados de unas gotitas de jugo de limón para evitar que se amarguen.
Mi receta favorita de todas estás fue sin duda las galletas de damasco y coco, un invento improvisado que superó mis expectativas.